miércoles, 24 de abril de 2019

Las aventuras de una vaca en un viejo país ineficiente

El escritor vasco Bernardo Atxaga (1951) sobresale por haber cultivado una gran variedad de géneros, entre los cuales, de manera especial, destaca por inusual la literatura juvenil. Ha sido reconocido por los lectores comunes, como demuestra su éxito de ventas, y por la crítica: ha recibido multitud de galardones, incluidos los prestigiosos Nacional de Narrativa (1989) y de la Crítica –este hasta en cuatro ocasiones: 1979, 1985, 1988, 1993–. Su incursión en la literatura juvenil no es una simple búsqueda por ampliar su nicho de mercado: su esforzado cultivo ha dado como fruto un conjunto de novelas caracterizadas por respetar al niño como lector, con una calidad literaria lejos del desgarbo acostumbrado en un género poco atendido y un tanto despreciado por el tipo de lector al que va dirigido.

Memorias de una vaca (1991; originalmente, en euskera Behi euskaldun baten memoriak), actualización y homenaje de Memorias de un asno (1860), de Sophie Rostochin, es tal vez uno de sus libros de literatura juvenil que mejor concreta su propuesta narrativa. En un molde clásico que sigue el esquema de historia enmarcada entre dos capítulos que sirven de presentación y conclusión, Atxaga cuenta la historia de una vaca que no es solamente la historia de una vaca. Como en un palimpsesto, lo que en la superficie es una simple historia infantil, analizada en profundidad, constituye una introducción privilegiada a la tradición literaria que abarca asimismo las corrientes estéticas más actuales con la representación del País Vasco de posguerra, los últimos coletazos de los gudaris en las montañas y la represión de todo signo ejercida por los victimarios contra unas víctimas despojadas de cuanto les quedaba al término de la guerra.
            
Una joven vaca, nacida en los montes de la casa de Balanzategui en la alta posguerra e instalada en sus últimos días, hacia finales del siglo XX, en los terrenos de un convento francés con su fiel amiga Soeur Pauline Bernadette, narra cómo ha llegado a ser la que es e introduce así a los lectores jóvenes en la novela de aprendizaje. Pero no es el Bildungsroman el único género del que participa esta novela: muy en consonancia con la hibridez que ha roto los compartimentos genéricos en la crisis finisecular agudizada por la posmodernidad y su hipertrofia del yo, también hay lugar para una pequeña investigación muy del gusto del esquema de la novela policial en la que Mo, la vaca protagonista, y su amiga, La Vache que Rit, han de averiguar cuáles son las causas del extraño comportamiento de los dueños de la hacienda en la que viven y que vigilan sin descanso unos extraños tipos. 
            
También se halla presente en la novela un tema muy frecuentado por los novelistas españoles de las últimas décadas: la guerra y su inmediata y eterna posguerra. Esta corriente memorialística en auge trata de normalizar o denunciar a los fascistas sublevados y al régimen que impusieron. Atxaga, a diferencia de otros autores que elevan a los fascistas a la categoría de Aquiles o procuran presentarlos bajo una pátina de vulnerable humanidad con la que despertar la identificación compasiva del lector, los deshumaniza responsablemente retirándoles incluso la capacidad del habla. La guerra se presenta como un ambiente que lo condiciona todo, un suceso pasado cuyas réplicas todavía se dejan sentir. Constituye el fondo de la novela, y solamente emerge en los momentos de alumbramiento del misterio; pero es solo un acontecimiento más en la vida de la joven vaca: cuando los fascistas asaltan Balanzategui, almacén de los pocos gudaris que todavía combaten en las montañas, y fusilan a quienes viven en ella, la vaca sigue su vida en otra dirección. La represión franquista, por cierto, no tiene su reflejo solo en su forma más cruenta, sino también en la del expolio con que el régimen condenó a la pobreza a los perdedores. 
            
Siendo una novela sobre animales, no se podía dejar pasar la oportunidad de abordar uno de los temas sobre los que más se ha ido sensibilizando la sociedad actual: el maltrato animal, especialmente en las ferias populares, donde Mo va a parar después de que dos afectos al nuevo régimen se quedasen con las propiedades de los republicanos que antes eran sus dueños, propiedades entre las que se cuentan las vacas y que van desapareciendo poco a poco, vendidas y malogradas por sus nuevos propietarios para enriquecerse rápidamente a costa de la escasez, el hambre y la pobreza de posguerra.

El tema de la amistad es algo tan obvio y corriente en los libros de la literatura estándar, prototípicamente adulta, que no se suele nombrar como un elemento cardinal. Por alguna razón, sin embargo, las relaciones que se establecen entre dos personajes en la literatura infantil suelen atraer las miradas de todos los reseñadores profesionales que han de rellenar en poco tiempo una página sobre una novela antes de saltar a la siguiente sin haberse parado siquiera a revisar el estilo. Como si los lectores más menudos no supieran identificar por sí mismos el tipo de relación que tienen con sus iguales. Es probable, sin embargo, que la culpa no sea solamente de estos críticos de la literatura primera, sino también de sus autores que, por desdén hacia sus lectores, sin voluntad de ensayar una mayor elaboración, se centran en la amistad como tema que salvaguarda su obra por la utilidad de la enseñanza transmitida. Por suerte, Memorias de una vaca no es así: tiene mucho más que aportar y, a la hora de anunciar la relación que une a La Vache qui Rit y Mo, cabe señalar, por encima de la mera amistad, la tradición a la que se acogen, la occidental del par de maestro y discípulo que ya está presente en los mismos textos de Platón, con Sócrates, y que se concreta en múltiples obras cumbres de la cultura europea como El Quijote o la Divina comedia.

Y, muy vinculada a esto, hallamos la meta socrática a la que va encaminada este Bildungsroman: el autoconocimiento, el nosce te ipsum, que en la obra aplica a las vacas pero bien podría extrapolarse como certero consejo a sus lectores. Este es la asunción de su propio ser vaca, con sus limitaciones y virtudes, a través del reconocimiento de lo positivo: la escritura de sus memorias supone un proceso de autoconocimiento que lleva a Mo a ser consciente de su condición. Y a todo ello ayuda la voz interior, el instinto animal, cuyos juicios tienen a menudo mejor tino que el sentido común que esgrimen algunos para justificar sus ideas y actitudes; una voz que reflexiona en torno a las diferencias entre las vacas y los demás animales. La voz interior habla de la vaca como un ser más civilizado que otros. Establece una teleonomía: de un estado alfa a otro omega, la vaca estaría más cerca de ser omega que muchos otros animales. Es una forma de introducir la reflexión teleológica sobre la historia al tiempo que hace cómico el relato.

A esta voz interior Mo la bautiza concisamente como El Pesado, arquetipo muy presente en otras producciones de la literatura juvenil como el irresponsable Pinocho y el pobre Pepito Grillo que vela por su seguridad aconsejándolo en cada tropiezo. Una conciencia que aporta un contrapeso a las hilarantes reflexiones sobre los dichos populares o sobre los mismos hechos de la realidad externa que ponen en peligro a la vaca en su juventud. La Vache que Rit tiene la suya propia, pero, a diferencia de la de Mo, suele invitar al animal que la alberga a la batalla. Forma parte del humor y la dicotomía entre civilización y barbarie: mientras que Mo se instalará en un convento, aquella marchará a vivir con los jabalíes salvajes.
        
Memorias de una vaca es una novela de gran valor en la que se rastrea el espíritu de los tiempos: los rasgos de la literatura española actual típicamente adulta son traducidos a una moderna fábula de animales en la que no faltan ni los temas en boga ni su ligazón con la tradición. Es una novela que podría introducirse perfectamente en el nivel de 1.º ESO, porque incluso los más jóvenes pueden leerla; pero, como las grandes obras de la literatura juvenil, más rendimiento ofrece su lectura cuanto mayor sea el lector.

*Esta reseña ha sido publicada en Goodreads siguiendo las directrices de la práctica 7.


1 comentario:

  1. Excelente reseña. Recuerda incluir el hiperenlace a la reseña en Goodreads en tu entrada del blog.

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