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domingo, 2 de junio de 2019

La educación en España en 2030

Santiago Abascal se integró en Ara Repúbliques, porque los extremos se tocan, y desde entonces gobernó el país con mano de hierro. Ante la necesidad de conseguir una Estado fuerte, unido, libre pero sin obscenidades –que para eso está la Casa de Campo–, en el que las diferencias culturales sumaran, cambió el nombre de España por Catalaña y trasladó su capital a la ciudad donde mejor se produce la síntesis de cultura española y catalana: Valencia, cuyo nombre pasó a ser Ciudad de vacaciones. No contento con tantas muestras de multiculturalismo, Abascal ordenó que a partir de entonces la lengua oficial pasara a ser el valenciano rural que hablan masovers como mis abuelos, el castenciano.

En estas, la población valenciana se rebeló, expulsó a los castellanos, que llevaban dominándolos desde aquello del mal de Almansa, y declaró la independencia. Con apenas un año en el poder, Abascal se vio obligado a volver a trasladar la capital, esta vez a Barcelona, pero mantuvo el espíritu del nuevo Estado: Catalaña, País de Vacaciones, bajo la enseña de la real señera valenciana, lucharía por expandir un imperio cuyo compañero ahora sería la lengua castenciana.

Los valencianos, una vez libres de España, decidieron cambiar el nombre de su país. A su disposición tenían el de País Valencià, Regne de València o simplemente València. Hubo un referéndum y ganó el nombre de España. Por seguir con la broma, adoptaron también la rojigualda por bandera y, tras extenderse una moda de alargar las palabras originada en una rave cerca de la Malvarrosa que duró cuatro noches, pasaron a hablar, más que castellano, español. «Total, el castellano es como el valenciano pero añadiéndole el final a la palabra», declaró entonces el presidente de la Academia Valenciana de la Lengua. Una expedición fue enviada al sur de Italia a buscar a los herederos de la Casa de Saboya para ver dónde acababa la cosa, pero desaparecieron y nunca más se supo de ellos. Se rumorea que, a pesar de ir bien provistos de todo lo que necesitarían en su viaje, les pudo el ansia, se terminaron todo de golpe como si fueran un gato con el pienso recién servido y luego los venció el mono.

La Universidad de Alicante perdió, durante este proceso, la gran mayoría de los grados. Se disolvieron todas sus facultades. Solo quedó la Facultad de Educación en pie, hipertrofiada al recibir, además de su alumnado tradicional, a todos aquellos que entran a Derecho o ADE para hacer algo, pero que, en vista de las nuevas circunstancias, tuvieron que reencaminar su conformismo y desinterés académicos con tal de seguir contando en sus pueblos que habían estudiao. 

La Facultad de Educación se quedó pequeña. Tenía, para su ampliación, todo el recinto que antes ocupaba la Universidad de Alicante a su disposición. Sin embargo, el equipo decanal decidió que lo mejor era trasladarse al descampado donde iba a estar Ikea pero-ya-no. Montaron unas carpas, se pintaron la cara y, entre bolos de malabares bailando por el aire, instituyeron la nueva facultad de educacion.

De allí salieron los futuros docentes de toda la nueva España que antes era el territorio valenciano. Estaban formados en los métodos más innovadores descubiertos hacia el 2009, como los dictados de pared y subir fotos a Instagram. Aunque parece poco, se ajustaba exactamente a lo que los centros docentes demandaban en 2030. Estos, repletos de tecnología, como proyectores, móviles 5G de Huawei y vapeadores, y algunos con incluso dos aulas de informática –insisto: no una sino dos (¡dos!)–, estaban construidos con los mejores contenedores de transporte de mercancías que desechaban los empresarios chinos que habían comprado el puerto de Valencia.

Los profesores, no obstante, no se dejaban embaucar por el brillo de las buenas instalaciones ni por los trienios obtenidos y continuamente ideaban nuevas formas de que los alumnos dieran las clases por ellos, que es más o menos lo que aprendieron en los cinco años que pasaron en la Universidad.

Los métodos a los que recurrían para transmitir sus enormes conocimientos sobre qué tipo de papel higiénico utilizaba Javier Cercas para escribir eran fundamentalmente dos: las exposiciones, porque los alumnos tenían que exponer; y los dictados, siempre por parejas, para que el profesor no tuviera que levantarse de la mesa.

A esto había que añadir ejercicios como dar saltos mientras recitaban el paradigma de los pronombres personales, de las preposiciones o cualquier otro, y analizar la literariedad de las canciones de Operación Triunfo, que habían sustituido a Garcilaso.

Otro era rellenar huecos en blanco en un texto con palabras, porque se consideraba que el inglés era el idioma del futuro, así que el castellano debía adoptar sus formas de enseñanza.

Se sustituyó la enseñanza de cómo redactar textos argumentativos, considerados pasados de moda, por la de los informes de recursos humanos, que iban a ser mucho más útiles a los alumnos.

Y dictados, muchos dictados. Al menos uno en cada sesión. 

A qué libros no les pegaría fuego o De mis libros

Se nos ha pedido que hablemos de los libros que hemos leído y volveríamos a leer si no lo hubiéramos hecho ya, que es más o menos como preguntarnos por qué libros salvaríamos de la hoguera. No voy a negar que me entusiasma este hábito tan poco convenido socialmente porque uno de mis sueños truncados ha sido trabajar como censor, un oficio cuya demanda prácticamente ha desaparecido como profesión honorable y oficial desde que el Rey y Adolfo Suárez trajeran la democracia. Ocurre lo mismo con otros funcionarios cuyos servicios siguen precisándose de cuando en cuando para apaños varios, pero cuyas medallitas al pecho no nombran las razones por las que les fueron concedidas. En fin, los que queríamos ser útiles a la patria hemos acabado en las alcantarillas. 

Yo aprendí a escribir entre los dieciocho y los veinte años, si la memoria no me falla, y poco leía antes. No puedo hablar de literatura infantil porque yo desemboqué directamente en los clásicos, en los tochos cuyo valor no está en leerlos sino en haberlos leído: mira cuánto sé, ¿quedamos para un café? Y a los clásicos hay que salvarlos siempre. También os digo que después de un grado, dos másteres y el primer año de doctorado, de poder elegir qué libros volvería a leer, habría estudiado ADE para ser banderillero.

Durante este año he leído mucha literatura juvenil: la necesidad obliga. He seguido la lista que me proporcionaron al entrar al máster y que reproduzco aquí por si a alguien le sirve.

  • El hombrecito del traje gris, de Fernando Alonso.
  • Memorias de una vaca, de Bernardo Atxaga.
  • Cuando de noche llaman a la puerta, de Xavier P. Docampo.
  • Crónicas de la Media Tarde, de Juan Farias.
  • Cartas de invierno, de Agustín Fernández Paz.
  • La isla de Bowen, de César Mallorquí.
  • Caperucita en Manhattan, de Carmen Martín-Gaite.
  • Tres cuentos de hadas, de Gustavo Martín Garzo.
  • Como autor, sin libro concreto, Luis Matilla.
  • Paulina o El verdadero final de la Bella Durmiente, de Ana María Matute.
  • Días de Reyes Magos, de Emilio Pascual.
  • Raíz de amor, de Ana Pelegrín.
  • Kafka y la muñeca viajera, de Jordi Sierra i Fabra.
  • Voces en el parque, de Anthony Browne.
  • La isla. Una historia cotidiana, de Armin Greder.
  • La composición,de Antonio Skármeta y Alfonso Ruano.
  • El apestoso hombre queso y otros cuentos maravillosamente estúpidos, de Jon Scieszka y Lane Smith.
  • Rosa Blanca, de Christophe Gallaz.
  • El libro de las M’Alicias, de Miquel Obiols y Miguel Calatayud.
  • Crónicas de la Torre. El valle de los lobos, La maldición del maestro, La llamada de los muertos. Fenris el Elfo, de Laura Gallego.
  • Marina, El príncipe de la niebla, El palacio de la medianoche, Las luces de septiembre, de Ruiz Zafón.
  • Campo de fresas, de Jordi Sierra y Fabra.



He leído la gran mayoría y no volvería a hacerlo, si bien supongo que pueden ser útiles para hacer actividades de animación lectora, que se les llama. De entre todos ellos, elijo Memorias de una vaca, de Bernardo Atxaga, que es el libro que trabajo en mi TFM. Y no es que no haya leído Caperucita en Manhattan o El verdadero final de la Bella durmiente, pero Carmen Martín-Gaite, que es de mis autoras favoritas, no es Martín-Gaite aquí, juicio que aplico a algunos de estos escritores; otros son simplemente malos.

Si escribiera para la chavalería, lo primero que haría sería dejar de considerarlos idiotas. La literatura juvenil, si existe, tiene sus características propias (temas, personajes, espacio, técnicas, etc.), pero la mediocridad, el descuido y la prosa desgarbada son tan impropias de ella como de cualquier otro texto literario. 

jueves, 25 de abril de 2019

Análisis de una aplicación para la DLL: Goodreads

Goodreads


Datos de la aplicación en la App Store de Apple para iOS:

o  Nombre completo de la aplicación: Goodreads: Book Reviews

o  Desarrollador: Goodreads

o  Plataforma: iOS (también en Android y navegador web)

o  Descripción oficial de la aplicación:

«Discover and share books you love on Goodreads, the world's largest site for readers and book recommendations!

Find new and interesting books by browsing personalized recommendations based on books you've read and your favorite genres. See what your friends are reading, write book reviews, and keep track of what you want to read.

Use our barcode scanner the next time you are in a bookstore. Add the book in your hands to your "to-read" shelf and browse reviews before buying.

More than 35 million members have added more than 1 billion books to their shelves. No other app combines the power and depth of the Goodreads community with an enormous catalog of books and reviews.

Features:

• Get personalized recommendations and discover new books based on your tastes.
• Goodreads Choice Awards: vote for your favorite books of the year and see the winners!
• Participate in the Reading Challenge!
• Barcode scanner!
• Keep a want-to-read list.
• See book reviews and updates from your friends.
• Discover new books and explore popular book lists.
• Rate and review any book in our catalog of more than 12 million books.
• Share notes and progress updates as you read.
• Recommend books to friends.
• Join online book clubs and connect with other readers.
• View literary events near you.»


o  Tamaño requerido en iOS: 85,9 MB.

o  Categoría: Libros.

o  Idiomas: Inglés e italiano

o  Edad: 4+

o  Copyright: 2010 – 2018 Goodreads Inc.


Goodreads es una aplicación y no lo es. Es primeramente una red social de lectura que tiene una aplicación para iOS y Android, como otras muchas redes sociales, como Twitter o Facebook, que tienen web, pero a las que se accede mayoritariamente a través de sus respectivas aplicaciones. Por ello, aunque originalmente fuera una página web, el lanzamiento de su aplicación la ha convertido fundamentalmente en una aplicación. Ahora bien, al igual que en Facebook y otras aplicaciones de redes sociales, la página web tiene algunas utilidades que no posee la aplicación, como la adición de un libro a su catálogo.

Goodreads se considera a sí misma como una comunidad de catalogación porque una de sus funciones básicas es esa: catalogar los libros publicados, actividad que realizan los mismos miembros de la comunidad, y organizar nuestras lecturas a partir de su catálogo. Sin embargo, es mucho más que eso y, de hecho, esta definición se ha quedado un desfasada desde que Otis Chandler emprendiera el proyecto en 2006: hoy permite compartir recomendaciones, tanto de los propios usuarios, que publican sus reseñas y califican los libros que van leyendo, como de la propia aplicación, cuyo algoritmo recomienda libros en función de los gustos del usuario, concretados en el ya clásico sistema de puntuación de una a cinco estrellas. 

La aplicación también otorga premios a los libros más votados por la comunidad, los Goodreads Choice Awards, e invita a participar en desafíos de lectura a sus miembros, que consisten en leer tantos libros como se quiera a lo largo del año.

Permite catalogar la propia biblioteca personal escaneando los códigos de barras de los libros y organizarlos en distintas categorías preestablecidas o de inventadas por uno mismo. Además, se pueden añadir a una lista de libros por leer a todos aquellos en los que uno esté interesado.

Como en cualquier otra red social, se pueden marcar como amigos otros perfiles para compartir libros, reseñas, etc., concretos con ellos en diversos grados de privacidad. Se puede ver los desafíos de lectura y lo que están leyendo cada uno de los amigos en la red social. 

Se pueden compartir con los amigos y, en general, con la comunidad reseñas y recomendaciones en cada uno de los doce millones de libros catalogados, según las cifras oficiales de la aplicación, y ver cuáles son los eventos relacionados con la literatura cerca del lugar donde uno reside, algo muy útil si se vive en una metrópolis, pero que no funciona tan bien en ciudades provincianas.

La aplicación confecciona listas de los libros más leídos en cada momento y proporciona información sobre los libros más vendidos. También dice tener al menos treintaicinco millones, aunque conviene recordar que el número de usuarios registrados es siempre mucho más elevado que el de usuarios activos.


Posibilidades para el área de lengua y literatura:

Dada la versatilidad de esta aplicación, podrían proponerse muchas actividades. Estas pueden ir desde un desafío de lectura o un concurso de quién más lee hasta la publicación, como hemos hecho nosotros, de una reseña en uno de los libros.

Otra, quizá un poco más arriesgada, sería llevar a los alumnos a la biblioteca a que catalogaran una serie de libros, bastante numeroso, escogidos previamente por el profesor. Los alumnos deberían catalogar estos libros escaneando los códigos de barras y, de todos ellos, deberían leer las reseñas y opiniones de los usuarios, señalar cuál es el que más lectores tiene, cuál el que mejor puntuación, etc. Esto podría servir para que los mismos alumnos descubran libros que podrían interesarles y, asimismo, la biblioteca del centro y el fondo que contiene. De esos libros, además, podrían escoger unos pocos para completar un desafío de lectura. 

Esta actividad podría utilizarse en todos los cursos, desde 1.º de ESO hasta 2.º de Bachillerato. Dependería de los libros que se escogieran –más curriculares cuanto mayor es el curso, más infantiles o sencillos cuanto más pequeños sean los alumnos–, del número de libros del desafío de lectura y de la extensión y calidad de la reseña publicada.

No se impone a los alumnos una lectura, sino que se les descubre, lo cual podría resultar provechoso tanto para aquellos alumnos lectores como para los que no lo son. Esto no sustituirían las lecturas obligatorias establecidas en la programación siguiendo el plan de fomento de la lectura del centro basado en las lecturas de animación lectora y curriculares. 

Propuestas de mejora:

Lo que más se echa en falta es una traducción al español. También añadiría una mayor configuración de privacidad. Incorporaría aquellas funciones de la página web que no tiene la aplicación a esta.

Otras herramientas similares:

WattPadd. Es una red social de lectura que, además de algunas funciones de Goodreads como compartir comentarios y reseñas y puntuar las lecturas, permite publicar a los usuarios sus propias historias. Es una de las más utilizadas por los lectores jóvenes.

Lecturalia. Es una comunidad de lectores en español que comparte algunas funciones con Goodreads y proporciona información sobre la actividad de la industria editorial y la literatura. 


Entrelectores. Es una aplicación que permite organizar libros, lecturas y compartir reseñas. También está en español. 

miércoles, 24 de abril de 2019

Análisis del blog Castellano Lengua y Literatura

El blog que vamos a analizar es el de una profesora de secundaria titulado sucintamente Castellano Lengua y Literatura, de lo que se deduce que es utilizado sobre todo en un centro de secundaria, aunque es tan amplio que funciona a su vez como fondo de recursos para profesores de secundaria.

El blog lleva en marcha desde 2010, por lo que estamos hablando de casi una década de actividad ininterrumpida. Cuenta, en esta fecha, con más de seiscientas cincuenta entradas repartidas en todos los años, algunos de ellos con más de cien entradas y otros en torno a setenta. El periodo de mayor actividad se comprende entre los primeros años y los intermedios; los últimos tienen muchas menos entradas publicadas: 2018, por ejemplo, apenas cuenta con dieciocho. Esto puede estar relacionado con la menor incidencia de los blogs en el mundo de las redes sociales, pues han dejado paso a otras más inmediatas, además de la posible presencia de otros canales de comunicación con los alumnos, como los que se han implementado desde las diferentes administraciones los últimos años. 

Dicho eso, según el recuento de visitas que indica el marcador incluido en la columna a la derecha del blog consta de la increíble cifra de 2780978 visitas o entradas vistas. En esta misma columna aparecen las etiquetas de los diferentes temas de los que tratan las entradas del blog, la presentación de la autora, que se presenta como Inma; una barra para buscar dentro del blog; una serie de enlaces a otras páginas webs que podrían ser de interés para el estudio de la lengua y la literatura, como la de la Real Academia Española y la página del idioma español, y otras relacionadas con sus destinatarios principales, como la página del Departamento de Castellano del IES Oleana y la de la biblioteca de Requena, donde se sitúa este. Por último, un apartado donde se indican cuántos seguidores tiene el blog –unos cincuenta y dos, en estos momentos– y quiénes son. A la izquierda de esta columna, y ocupando el centro del blog y su margen izquierda, encontramos las entradas, que se publican completas, sin resumen. 

El contenido, basándonos en las etiquetas, es muy variado, como es natural dada la cantidad de años que el blog está en funcionamiento y la enorme cantidad de entradas que tiene. El número total de etiquetas es de 134. Aborda desde contenidos específicos para la preparación de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) y superarla con éxito como comentarios de texto o ejemplos de análisis sintácticos, pero también las últimas noticias sobre concursos literarios y sus resultados y entradas generales sobre historia de la literatura. Algunas entradas, muy pocas, sin embargo, son solo para señalar cuáles son los deberes que han de llevar sus alumnos o cuál es la página y bibliografía de la que ha hablado en clase. 

Unas cuántas etiquetas señalan el curso al que va orientada la entrada y los materiales que en él se presentan. Hay materiales de 1.º de ESO a 2.º de Bachillerato, incluidos los programas de diversificación, hoy PMAR y PR-4, lo que lo hace realmente versátil.

El tipo de materiales que contiene la entrada también está indicado en esta lista de etiquetas, sin separación, como teoría de comentario de texto y ejemplos de comentarios resueltos, teoría de sintaxis y frases analizadas sintácticamente resueltas, morfología, etc., así como la conjugación verbal para los niveles inferiores o los temas de literatura que incluye el currículum y aplicaciones varias que pueden resultar útiles a los alumnos.

Esto supone un problema de organización porque todo el contenido del blog está se encuentra apiñado en esa lista en lugar de haber separaciones claras según los contenidos, como hay en otros blogs, en pestañas bajo el título de este. En lugar de haber una etiqueta para la adecuación, otra para la coherencia, otra para los registros, otra para la cohesión, etc., podría haber una sola pestaña que, sin mezclarlos y respetando la autonomía de las entradas, subsumiera todas estas etiquetas bajo un apartado como “el texto”. Lo mismo ocurre con la sintaxis: oración simple, oración adjetiva, el sustantivo –aunque aquí ya entraríamos en el tema de la morfología–, etc., podrían ir todas bajo una general de “sintaxis”.

Esta desorganización, que sin duda es fruto el primer objetivo del blog, tampoco le resta utilidad. Es fácil, pese a todo, manejarse en él. Y su valor reside sobre todo en la variedad, cantidad y calidad de materiales elaborados, dirigidos primeramente a sus alumnos, es cierto, pero a los que puede recurrir igualmente cualquier persona que necesite auxilio para aprender –o enseñar– lengua y literatura castellanas. 

El link al blog: http://blogdecastellanodeinma.blogspot.com/?

Las aventuras de una vaca en un viejo país ineficiente

El escritor vasco Bernardo Atxaga (1951) sobresale por haber cultivado una gran variedad de géneros, entre los cuales, de manera especial, destaca por inusual la literatura juvenil. Ha sido reconocido por los lectores comunes, como demuestra su éxito de ventas, y por la crítica: ha recibido multitud de galardones, incluidos los prestigiosos Nacional de Narrativa (1989) y de la Crítica –este hasta en cuatro ocasiones: 1979, 1985, 1988, 1993–. Su incursión en la literatura juvenil no es una simple búsqueda por ampliar su nicho de mercado: su esforzado cultivo ha dado como fruto un conjunto de novelas caracterizadas por respetar al niño como lector, con una calidad literaria lejos del desgarbo acostumbrado en un género poco atendido y un tanto despreciado por el tipo de lector al que va dirigido.

Memorias de una vaca (1991; originalmente, en euskera Behi euskaldun baten memoriak), actualización y homenaje de Memorias de un asno (1860), de Sophie Rostochin, es tal vez uno de sus libros de literatura juvenil que mejor concreta su propuesta narrativa. En un molde clásico que sigue el esquema de historia enmarcada entre dos capítulos que sirven de presentación y conclusión, Atxaga cuenta la historia de una vaca que no es solamente la historia de una vaca. Como en un palimpsesto, lo que en la superficie es una simple historia infantil, analizada en profundidad, constituye una introducción privilegiada a la tradición literaria que abarca asimismo las corrientes estéticas más actuales con la representación del País Vasco de posguerra, los últimos coletazos de los gudaris en las montañas y la represión de todo signo ejercida por los victimarios contra unas víctimas despojadas de cuanto les quedaba al término de la guerra.
            
Una joven vaca, nacida en los montes de la casa de Balanzategui en la alta posguerra e instalada en sus últimos días, hacia finales del siglo XX, en los terrenos de un convento francés con su fiel amiga Soeur Pauline Bernadette, narra cómo ha llegado a ser la que es e introduce así a los lectores jóvenes en la novela de aprendizaje. Pero no es el Bildungsroman el único género del que participa esta novela: muy en consonancia con la hibridez que ha roto los compartimentos genéricos en la crisis finisecular agudizada por la posmodernidad y su hipertrofia del yo, también hay lugar para una pequeña investigación muy del gusto del esquema de la novela policial en la que Mo, la vaca protagonista, y su amiga, La Vache que Rit, han de averiguar cuáles son las causas del extraño comportamiento de los dueños de la hacienda en la que viven y que vigilan sin descanso unos extraños tipos. 
            
También se halla presente en la novela un tema muy frecuentado por los novelistas españoles de las últimas décadas: la guerra y su inmediata y eterna posguerra. Esta corriente memorialística en auge trata de normalizar o denunciar a los fascistas sublevados y al régimen que impusieron. Atxaga, a diferencia de otros autores que elevan a los fascistas a la categoría de Aquiles o procuran presentarlos bajo una pátina de vulnerable humanidad con la que despertar la identificación compasiva del lector, los deshumaniza responsablemente retirándoles incluso la capacidad del habla. La guerra se presenta como un ambiente que lo condiciona todo, un suceso pasado cuyas réplicas todavía se dejan sentir. Constituye el fondo de la novela, y solamente emerge en los momentos de alumbramiento del misterio; pero es solo un acontecimiento más en la vida de la joven vaca: cuando los fascistas asaltan Balanzategui, almacén de los pocos gudaris que todavía combaten en las montañas, y fusilan a quienes viven en ella, la vaca sigue su vida en otra dirección. La represión franquista, por cierto, no tiene su reflejo solo en su forma más cruenta, sino también en la del expolio con que el régimen condenó a la pobreza a los perdedores. 
            
Siendo una novela sobre animales, no se podía dejar pasar la oportunidad de abordar uno de los temas sobre los que más se ha ido sensibilizando la sociedad actual: el maltrato animal, especialmente en las ferias populares, donde Mo va a parar después de que dos afectos al nuevo régimen se quedasen con las propiedades de los republicanos que antes eran sus dueños, propiedades entre las que se cuentan las vacas y que van desapareciendo poco a poco, vendidas y malogradas por sus nuevos propietarios para enriquecerse rápidamente a costa de la escasez, el hambre y la pobreza de posguerra.

El tema de la amistad es algo tan obvio y corriente en los libros de la literatura estándar, prototípicamente adulta, que no se suele nombrar como un elemento cardinal. Por alguna razón, sin embargo, las relaciones que se establecen entre dos personajes en la literatura infantil suelen atraer las miradas de todos los reseñadores profesionales que han de rellenar en poco tiempo una página sobre una novela antes de saltar a la siguiente sin haberse parado siquiera a revisar el estilo. Como si los lectores más menudos no supieran identificar por sí mismos el tipo de relación que tienen con sus iguales. Es probable, sin embargo, que la culpa no sea solamente de estos críticos de la literatura primera, sino también de sus autores que, por desdén hacia sus lectores, sin voluntad de ensayar una mayor elaboración, se centran en la amistad como tema que salvaguarda su obra por la utilidad de la enseñanza transmitida. Por suerte, Memorias de una vaca no es así: tiene mucho más que aportar y, a la hora de anunciar la relación que une a La Vache qui Rit y Mo, cabe señalar, por encima de la mera amistad, la tradición a la que se acogen, la occidental del par de maestro y discípulo que ya está presente en los mismos textos de Platón, con Sócrates, y que se concreta en múltiples obras cumbres de la cultura europea como El Quijote o la Divina comedia.

Y, muy vinculada a esto, hallamos la meta socrática a la que va encaminada este Bildungsroman: el autoconocimiento, el nosce te ipsum, que en la obra aplica a las vacas pero bien podría extrapolarse como certero consejo a sus lectores. Este es la asunción de su propio ser vaca, con sus limitaciones y virtudes, a través del reconocimiento de lo positivo: la escritura de sus memorias supone un proceso de autoconocimiento que lleva a Mo a ser consciente de su condición. Y a todo ello ayuda la voz interior, el instinto animal, cuyos juicios tienen a menudo mejor tino que el sentido común que esgrimen algunos para justificar sus ideas y actitudes; una voz que reflexiona en torno a las diferencias entre las vacas y los demás animales. La voz interior habla de la vaca como un ser más civilizado que otros. Establece una teleonomía: de un estado alfa a otro omega, la vaca estaría más cerca de ser omega que muchos otros animales. Es una forma de introducir la reflexión teleológica sobre la historia al tiempo que hace cómico el relato.

A esta voz interior Mo la bautiza concisamente como El Pesado, arquetipo muy presente en otras producciones de la literatura juvenil como el irresponsable Pinocho y el pobre Pepito Grillo que vela por su seguridad aconsejándolo en cada tropiezo. Una conciencia que aporta un contrapeso a las hilarantes reflexiones sobre los dichos populares o sobre los mismos hechos de la realidad externa que ponen en peligro a la vaca en su juventud. La Vache que Rit tiene la suya propia, pero, a diferencia de la de Mo, suele invitar al animal que la alberga a la batalla. Forma parte del humor y la dicotomía entre civilización y barbarie: mientras que Mo se instalará en un convento, aquella marchará a vivir con los jabalíes salvajes.
        
Memorias de una vaca es una novela de gran valor en la que se rastrea el espíritu de los tiempos: los rasgos de la literatura española actual típicamente adulta son traducidos a una moderna fábula de animales en la que no faltan ni los temas en boga ni su ligazón con la tradición. Es una novela que podría introducirse perfectamente en el nivel de 1.º ESO, porque incluso los más jóvenes pueden leerla; pero, como las grandes obras de la literatura juvenil, más rendimiento ofrece su lectura cuanto mayor sea el lector.

*Esta reseña ha sido publicada en Goodreads siguiendo las directrices de la práctica 7.


30 libros imprescindibles


Se me pide que escoja los treinta libros con los que me quedaría, a la manera de Marie Kondo. Nunca me lo he planteado: no estoy listo para encender la chimenea, como el famoso detective, aunque más tarde o más temprano habré de hacerlo. No me lo he planteado nunca, digo, y no me lo planteo ahora. Estos son los treinta libros que me han salido sin pensar. No es un criterio muy ajustado, pero es un criterio y tiene su valor: son a los que recurriría, sin reflexionar demasiado, si quisiera leer algo. 

1.    Ancia, de Blas de Otero.
2.    Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas.
3.    Campos de Castilla, de Antonio Machado.
4.    Cántico espiritual, de San Juan de la Cruz.
5.    Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique.
6.    Crematorio, de Rafael Chirbes.
7.    El Quijote, de Cervantes.
8.    El tambor de hojalata, de Gunter Grass.
9.    En las cimas de la desesperación, de Cioran.
10.  Entre visillos, de Carmen Martín-Gaite.
11.  La ciudad y los perros, de Vargas Llosa.
12.  La Ilíada y la Odisea, de Homero.
13.  La poesía completa de Fray Luis de León.
14.  La poesía completa de Garcilaso de la Vega.
15.  La poesía de Raine Maria Rilke.
16.  La vida del Buscón, de Quevedo.
17.  Las mil y una noches.
18.  Las poesías completas de Quevedo.
19.  Los pazos de Ulloa, de Emilia Pardo Bazán.
20.  Los peces de la amargura, de Fernando Aramburu.
21.  Los salmos fosforitos, de Berta García Faet.
22.  Mac y su contratiempo, de Enrique Vila-Matas.
23.  No amanece el cantor, de José Ángel Valente.
24.  Pecados originales (La buena letra y Los disparos del cazador), de Rafael Chirbes.
25.  Poesía completa de Hölderlin.
26.  Poesía de Paul Celan.
27.  Poeta en Nueva York, de Lorca.
28.  San Manuel Bueno, mártir, de Unamuno.
29.  Trilogía de la guerra, de Agustín Fernández Mayo.
30.  Un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen.