Reseña publicada en mi perfil de Goodreads: https://www.goodreads.com/review/show/2820751046
Voces en el parque (México:
FCE, 1999, Col. Los especiales a la
orilla del viento) se trata de un
álbum ilustrado publicado en 1998 por el autor e ilustrador británico Anthony
Browne, también autor de Un paseo por el
parque (1977), que posteriormente reescribiría y reilustraría para dar
lugar a la obra que me ocupa. Anthony Browne revisó esta obra para cambiar la
fisionomía de sus personajes por la de simios, que son su marca de identidad, además
de reelaborar las ilustraciones y la tipografía. La elección de esta obra para
llevar a cabo tal reconstrucción tiene su justificación en el deseo del autor
por contar un cuento desde las distintas perspectivas de los personajes,
mostrando los valores y la sensibilidad de cada uno.
El autor e ilustrador, Anthony
Browne (Sheffield, Inglaterra, 1946), es especialista en diseño gráfico por el
Leeds College of Art and Design. Uno de los galardones que ha recibido en su
trayectoria es el premio Hans Christian Andersen 2000 en la categoría
“Ilustrador”. Traducido a más de quince idiomas y con más de cincuenta obras
publicadas (destacadas por las referencias culturales y artísticas), Browne es
considerado uno de los creadores del álbum ilustrado. Además de Voces en el
parque y Un paseo por el parque, cabe mencionar otras obras como: Gorila
(1983), la serie Willy (1984), El libro de los cerdos (1986),
El túnel (1989), Cambios (1990) o Mi papá (2001).
El
autor en Voces en el parque nos narra
una situación corriente tal como una tarde en el parque con tu familia y tu
mascota desde la perspectiva de los cuatro personajes: la madre de Carlos, el
padre de Mancha, Carlos y Mancha. En este espacio público estas cuatro voces
interactúan, al igual que sus mascotas. Dichas voces aparecen en el álbum
ilustrado en ese orden, bajo los apartados “Primera voz”, “Segunda voz”,
“Tercera voz” y “Cuarta voz”, cada uno de ellos con una tipografía que difiere
de la anterior. Esta variación ya nos la anticipa la portada, donde la palabra
“voces” aparece con letras de fuentes distintas.
La
primera voz que aparece es la de la madre de Carlos. Se percibe por su aspecto
y sus aportaciones que pertenece a la clase social alta. Además se muestra en
desacuerdo con que su mascota juegue con un perro que considera callejero y apestoso.
Su disgusto se incrementa cuando Carlos le desobedece y desaparece de su lado
para ir a jugar con una niña a la que califica como “andrajosa”. Podemos
observar esta separación de clases que pretende la madre de Carlos en las
ilustraciones cuando aparece Victoria, su labrador de pura raza y el supuesto
“perro callejero” tras ella, y en el fondo de la ilustración una princesa y un
hombre aparentemente sencillo que van a encontrarse. En la página siguiente
aparece Carlos junto a su madre sentados en un extremo de un banco del parque,
y en el otro extremo intuimos que se encuentra Mancha, y Carlos la observa
antes de su desaparición. Probablemente, en consonancia a esta situación, el
autor ha dispuesto al fondo de la ilustración a la perra de Carlos persiguiendo
al perro de Mancha, tal vez a modo de símil. La desesperación de la madre de
Carlos se acentúa en la ilustración, donde Browne ha dotado a los árboles de un
gesto de sorpresa, o los ilustra tumbados cuando la madre llama a Carlos
desesperadamente para acentuar la fuerza de su voz. Al concluir esta voz,
podemos ver a la familia saliendo del parque donde hay un árbol incendiado, tal
vez como símbolo de su ira.
La
segunda voz que aparece es la del padre de Mancha, que permanece la mayor parte
de la historia sentado en el banco del parque leyendo el periódico en busca de
un trabajo. Se puede percibir en su rostro el hastío, desde que aparece sentado
en un sillón de su casa hasta el final del paseo, que su aspecto cabizbajo
cambia cuando Mancha le cuenta lo que ha hecho de camino a casa, y consigue
levantarle le ánimo. Este descontento que se muestra en su rostro, en algunas
de sus expresiones (“Necesitaba salir de casa”, “Me gustaría tener la mitad de
la energía que él tiene.”, “No se puede perder la esperanza”, “Mancha me
levantó el ánimo.”), también queda plasmado a través de los colores que
predominan en las ilustraciones pertenecientes a esta segunda voz. Un paisaje
marcado por tonalidades grises y oscuras, árboles con o que denotan tristeza
frente a las tonalidades que predominan durante la cuarta voz, la de Mancha,
que encontrándose en el mismo lugar que su padre, su percepción de la realidad
es totalmente contraria. Finalmente, él, su hija y su perro vuelven a casa por
el mismo lugar, aunque ahora es totalmente distinto: la luz es cálida,
predominan los colores alegres, los árboles ahora están iluminados, Papa Noel,
que antes era un mendigo, ahora aparece bailando, al igual que La Gioconda y El caballero sonriente, que esta vez bailan alegremente también.
Incluso lo que antes era una farola normal, ahora ha sido sustituida por una
bonita flor en forma de campanilla.
La
tercera voz corresponde a la de Carlos, un niño sobreprotegido y bajo la
vigilancia de su madre. Muestra su aburrimiento y soledad a través del texto,
pero de nuevo el color en las ilustraciones está vinculado a sus sentimientos.
Vemos una perspectiva gris y apagada, aunque irá cambiando conforme sucede la
historia, frente a los alegres colores que percibe Mancha. Las ilustraciones
revelan desde el comienzo la sobreprotección materna a través de la sombra de
su madre sobre él, las reiteradas veces en que aparece la silueta del sobrero
que lleva su madre en diversos lugares (sobre la farola, en la forma de la nube
o la forma de las ramas del árbol). Cuando consigue escapar de esta vigilancia
e ir a jugar con Mancha ya no aparecen sombreros y las tonalidades se vuelven
más alegres. Por otra parte, cabe mencionar que el autor establece en este caso
una discrepancia entre el texto y la ilustración de que corresponde, ya que el
niño habla de que es muy bueno trepando árboles y enseña a Mancha cómo hacerlo,
aunque la niña aparece trepando ágilmente por encima de él.
La última y cuarta voz es la de Mancha. La perspectiva
de la realidad en Mancha es diferente a la de los demás. Durante el relato de
su salida al parque la niña ve los árboles con forma de fruta, ve ballenas
nadando entre los árboles, predominan los colores cálidos e, incluso, los
troncos de los árboles son de colores. Llama la atención que cuando anochece y
se encuentran jugando en el quiosco, el cielo que se ve a través de él es
claro, mientras que por encima de él es de noche. Finalmente,
Mancha nos cuenta que Carlos le regaló una flor antes de irse, hecho que
Carlos omite.
La edad a la que se dirige esta obra es a
partir de seis años; sin embargo, cabe destacar que la obra se considera
transgeneracional, ya que cabe una lectura sencilla que no impide que el lector
infantil comprenda la obra, pero también cabe una lectura más adulta ya que las
ilustraciones requieren un análisis minucioso por su carga de simbolismo y de
intertexto. Sin embargo, que el lector comprenda la intertextualidad no es lo
que más preocupa al autor, que afirmó lo siguiente:
“No me importa que los niños no conozcan o
no hayan visto los cuadros originales que recreo. Quizás algún día los vean y
puedan comparar, pero será una lectura que tendrá otro sentido. Quiero que los
cuadros que 'recreo' funcionen por ellos mismos, no como referentes”[1].
En este caso, considero que la obra es apropiada
para el plan de transición de Primaria a Secundaria a modo de iniciación a la
lectura, pues los jóvenes hoy en día son hábiles en la lectura de lo visual
gracias a la televisión, Internet o plataformas como Netflix. Por consiguiente,
la lectura que lleven a cabo del texto les hará ir más allá a través de las
imágenes y no les resultará agobiante la lectura del texto escrito. Por tanto
propondremos una lectura tanto de aquello que nos narra el texto y de aquello
que nos narran las ilustraciones.
Como ya he dicho anteriormente, Browne entabla
un perfecto vínculo entre la ilustración y el texto. Ya he anticipado la
importancia de este vínculo durante la explicación de las cuatro voces que
componen este álbum ilustrado con las tonalidades que predominan en cada voz,
la forma que adquieren los árboles, la presencia de personajes fuera de lugar
como Papá Noel, una princesa, La Gioconda
o El caballero sonriente.
La elección de simios antropomorfos es algo
habitual en Anthony Browne sobre lo que hay varias teorías, entre ellas que le
recuerdan a su padre o que los utiliza porque le resulta fascinante su
semejanza con el ser humano. Otras alusiones intertextuales de obras maestras
de la pintura que encontramos a lo largo del álbum ilustrado son El grito de Eduard Munch, que aparece en
el periódico que lee el padre de Mancha y en el reflejo del rostro de Carlos en
el tobogán; La batalla de Argonne en
las nubes o Pelerin en la presencia
del sombreros, El imperio de las luces en
la forma de las farolas, todas ellas de René Magritte; Así como también
aparecen alusiones a Dinamismo de un
perro con correa, del futurista Giacomo Balla, en los movimientos de la
cola del perro de Mancha. Como ya he comentado, también aparecen El caballero
sonriente, de Franz Hals, y La Gioconda, de Leonardo Da Vinci. Otra
referencia artística e la escultura La fuente
de Neptuno de Giambologna en el parque durante la cuarta voz o la estatua
de cupido al concluir la tercera voz apuntando a Carlos, que recuerda a la
fuente de Eros; personajes del séptimo arte como King Kong o Mary Poppins; y,
finalmente, diversos elementos surrealistas como un hombre paseando un
cocodrilo que realmente es una sombra, una bicicleta de dos pasajeros, aunque
cada uno lleva una dirección, o el efecto de los perros fusionados.
Como
conclusión a este trabajo me gustaría resaltar la importancia que tienen este
tipo de investigaciones en la puesta en práctica de la docencia, pues el
profesorado debe estar constantemente formándose para conocer todo aquello que
nuestros alumnos están obligados a hacer. Como ya he dicho, Voces en el parque me parece una
elección adecuada para 1º de la ESO, pues tratándose de una obra sencilla y
amena aparentemente, está dotada de gran calidad literaria y artística, a
través de la cual el alumnado descubrirá múltiples referencias artísticas y la
ilustración como símbolo, pues no es casualidad que tanto Victoria como Carlos
salgan del parque dejando tras de sí un camino de hojas o de flores. De nuevo,
regreso a la idea de obra transgeneracional, pues se recomienda esta obra a
partir de los seis años pero como lectora habitual he de reconocer que me ha
fascinado este álbum ilustrado. La lectura de las ilustraciones me ha recordado
a la sensación que tengo al observar detenidamente El jardín de las delicias de El Bosco, en el que cada vez que lo
miro detenidamente descubro algo nuevo.
Finalmente
quiero destacar que, además de ser una excelente elección por la
interdisciplinariedad visible, el álbum ilustrado trata una gran multiplicidad
de temas como pueden ser las diferencias sociales desde la perspectiva de
alguien a quien le preocupan gravemente y de alguien que las ignora y es feliz;
las relaciones entre los niños; la angustia existencial o el materialismo como
algo negativo, pues vemos como las preocupaciones de la madre de Carlos no le
dejan ser feliz, mientras que el padre de Mancha es capaz de disfrutar tras un
paseo con su hija y su perro
[1]
En Anthony
Browne: el planeta de los simios de peluche, un estudio crítico realizado
por Ana Garralón en 2004 y visible en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.